Archivos de la categoría ‘7ª ETAPA VUELTA AL MUNDO. Tokio a Londres-Madrid despues de pasar por Hawaii y resto de EEUU’

Tan sólo 2h y estoy en la gran capital mundial. Voy directo a mi hotel, pero como era de esperar no me dejan entrar hasta las 15h y aprovecho para dar una vuelta por Time Square y bajar a ver el Flatiron, famoso edificio en forma de cuña que en el viaje anterior a NY no lo había terminado de ver. Y la verdad que no mucho más voy a ver, pues ya conozco de sobra  NY y lo que me apetece es ir tranquilo por la ciudad viendo lo que quiera sin necesidad de prisas.

También visito el Moma que la otra vez me faltó y justamente a la hora que empezaba la final del mundial de fútbol. Aunque saliendo del museo pude grabar el gol de penalti de Greezman en la pantalla gigante de Rockefeler Center con multitud de gente, la mayoría aficionados franceses.

Y el viaje tocaba a su fin, sólo faltaba despedirme de Central Park, que siempre te deja buen sabor de boca y volver a sentir por la noche Time Square, esta vez intentando entrar en el famoso club de jazz Iridium, donde acababa de terminar un concierto y la cerveza me la tuve que tomar en otro sitio. Cerveza y hamburguesa con la que terminé mí recorrido en EEUU.

Mañana del 16 de julio, Airport JFK y salida en vuelo de Norweian para Londres Gatwik, donde me esperaría mi hija María para terminar el periplo de vuelta al mundo al día siguiente justamente en el Reform Club, lugar donde empezó y termino el propio Philleas Fogg. Si bien a mí ni me dejaron pasar y tuve que conformarme con hacerme una foto fuera.  La verdad es que no me importó mucho y lo que más me gustó fue el paseo por Londres que nos dimos mi hija María y yo.

Sólo quedaba tomar el vuelo de para Madrid por la tarde y ya terminar de forma definitiva este proyecto de Vuelta al Mundo que empecé en 2011 cuando José Luis, compañero de trabajo y yo salimos con nuestras motos camino de Estambul.

En el aeropuerto de Madrid, recibido con besos y abrazos de Giovana. Y después, ya en casa, mas abrazos y besos, también de Giovana.

Hago la entrada a Philadelphia por fin en tren, en el famoso Amtrak. Ya tenía ganas de tomar un tren en EEUU como lo he ido haciendo en mi vuelta al mundo todo lo que he podido, China, Japón, India. Voy charlando las dos horas de trayecto con una señora muy simpática, de Washington, que trabaja de dibujante y diseñadora.

Uno de los lugares a conocer que indican las guías de viajes sobre Philadelphia es precisamente a donde llego, la famosa estación de tren 30th Street Station en la calle Market. De ahí salgo pitando en taxi al sitio que adquirí el día anterior pues se pasará la hora de entrada, la cárcel Eastern State Penitentiary, autentica como ella sola, bastante derruida pero atracción turística de primera casi como las escaleras de Rocky.

Ahí mismo me dirigí andando desde la cárcel. Cinco minutos apenas y me topo con una fila humana delante de la famosa estatua, abajo a la izquierda de las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia. Y brazos en alto emulando al boxeador me hago la supertípica foto que subo a Instagram al momento. Subo las escaleras, andando pues iba todavía cargado del equipaje y vuelta a hacer la foto correspondiente, ahora con la vista de la ciudad al fondo como se viera en la película desde la mirada de Rocky exhausto del entrenamiento matutino.

Ya puestos, y sirviéndome de entrenamiento, me cruzo toda la ciudad andando hasta llegar caso al puerto donde está mi hostel. Hotel económico compartido muy chulo con lugares comunes de ambiente distendido.  En este hall amplio común será precisamente desde donde me vuelva a conectar para la videoconferencia correspondiente de los viernes del master que imparto on line.

Philadelphia es una de las ciudades que más me ha gustado de todas en las que he estado en este recorrido, y no por Rocky precisamente, sino por su ambiente y lo manejable que es para verla y vivirla. Calles llenas de bares, museos, casas de época, puerto, centro con casa del ayuntamiento muy interesante y gente de todo tipo que alegra la ciudad. Y también mucha historia con el famoso Independen Hall y su campana de la libertad.

Y de aquí a Nueva York en autobús, esta vez con la empresa Peter Pan que ya utilicé hace dos años para ir a Boston.

En Washington viviré una de las mayores experiencias de este viaje, y tal vez de la vuelta al mundo. Y es recorrer parte del rio Potomac en kayak. El rio Potomac que tantas veces me había enseñado Michael Portillo en el canal viajar, en su programa de trenes por el mundo. Tanto me pudieron influir sus programas por los estados unidos que no tuve que por menos realizar el recorrido hasta Filadelfia precisamente en tren, en un Amtrak, la renfe de EEUU.

Rio Potomac que recorro justamente en la zona de Georgetown donde también se encuentra la universidad del mismo nombre y que no me privo de entrar incuso viendo algunas de sus aulas abiertas por descansos, seguramente de cursos de verano típicos de las universidades en estos meses.

Georgetown que además tiene un barrio muy bonito con casas de colores y con construcciones dignas de sacar en cuentos y relatos de época. Termino, por cierto, comiendo y tomando una cerveza en uno de los rincones más típicos de este lugar, la pizzería Paradiso.

Antes ya había visto el gran y famoso monumento al cuerpo de marines en esa imagen icónica de un grupo de militares elevando una bandera americana gigante. Así como el lugar donde asesinaron a Lincoln, el teatro Ford. Uno de los lugares históricos más característicos no ya de Washington, sino de todo Estados Unidos.

La verdad que Washington es una ciudad cercana, asequible para patearla y bonita en monumentos e historia. Tanto será así que en tan solo dos días que he estado he pasado dos veces por el monumento a Lincoln, por la Casa Blanca, por el Capitolio y por otros lugares característicos de la ciudad como los memoriales a la guerra de Korea y Vietnam.

Pero si ha habido algo que me ha hecho mucha ilusión es cenar las dos noches de Washngton en el famoso Ben’s Chili Bowl, un chili Burger donde hasta Obama incluso como presidente de EEUU ha estado comiendo el particular perrito caliente con chili carne.

La salida de Washington no podía ser de la mejor manera, entonces, en tren desde la gran Union Station en el número uno de Massachussets Avenue.

Llego a Chicago al mediodía, justo a tiempo para hacer el checkin y salir a recorrer la ciudad. Primero y muy cerca del hotel visito la famosa Cloud Gate que está en el parque de Millenium. Es domingo y se nota a las familias, sobre todo indias y árabes realizando paseo y fotos del lugar. Doy una vuelta por el Grand Park y veo también el impresionante Harris Theater al aire libre.

Y sobre todo me hago una foto en el comienzo de la famosa ruta 66, en la calle Adams, justamente a unos metros de donde me alojo. Termino recorriendo parte de la ciudad, pero no muy lejos de la zona del hotel, donde precisamente termino cenando justamente en los bajos donde se encuentra el mejor bar de la zona.

Al día siguiente termino de ver lo más significativo de la ciudad y ahora lo hago en barco por el creak donde se encuentran los edificios más emblemáticos en un recorrido denominado de Arquitectura, por lo impresionante y majestuosidad de sus construcciones. Para terminar saliendo al lago Michigan y ver de nuevo esos edificios en formato sky line extraordinario que no tiene nada que envidiar a NY, Dubai o Shangai por poner ciudades de esta vuelta al mundo.

Será por la noche cuando quede con Sergio, un español amigo de mi hija María que trabaja aquí y con el que he quedado para cenar. Y lo hacemos en un estupendo japonés EL Gyu-Kaku Japanese BBQ 210 E Ohio St, unas horas antes de salir para el aeropuerto, pues mi vuelo sale a las 6 de la mañana y facturando casi a las tres, ya no reservé hotel. Mi hotel esta noche es el aeropuerto, como otras muchas veces. En este tipo de viajes, un día duermes en un hotel de 4-5 estrellas con más de 4 almohadas y dos metros de cama de ancho, o bien terminas tendido en medio metro cuadrado en los asientos de cualquier lugar.

Paso la noche del 7 de julio en Denver. Sólo una noche, pero bastará para conocer bien la ciudad, e incluso para sentirla.

La capital y ciudad más grande del estado de Colorado me ha encantado. Ciudad pequeña, acogedora, manejable para recorrerla andando. Con un buen ambiente sano y de diversión. Además pasé un sábado y había el suficiente ambiente como para vivir la noche de la ciudad pero lo suficientemente moderada para estar agusto por las calles o en las zonas de copas.

Paseo por sus calles, fotos diversas, intercción con la gente y cena en el Hard Rock Denver que siempre te garantiza un buen menú.

Y aquí, el camarero…

Se puede decir que Denver fue la gran transición del viaje. De la parte primera de mayor incertidumbre y actividad, a empezar a estar en ciudades y realizar recorridos más controlados y predecibles. El hotel, además, ha sido de los mejores que he tenido, con cierto nivel y barato.

La carretera es tambien la forma de salida de Los Ángeles camino de Las Vegas. Ahora salgo por la noche en un recorrido totalmente nocturno que me hace ahorar una noche de hotel, aunque mas tarde lo pagaré en dolor de cuello y espalda.

En una parada en mitad del camino, me hago una foto con Keing, un tio con aspecto de jugador de pocker que parece recien salido de una película de época. A esa altura del recorrido tambien está el termometro más grande del mundo que pasaremos tan de noche ytan dormidos (y tan apagado) que no lo veremos. En esta zona se recogen las mayores temperaturas del país, a veces 60 grados de máxima.

Y por fin llegamos tan de madrugada a las Vegas, que tendré que negociar mi entrada al hotel, que es a las tres de la tarde, para no quedarme tan tirado y con tanto sueño en el Starbucks de los bajos del hotel. Son las 5 y media de la mañana y por fin consigo ampliar el horario de mi habitación previo pago de 50 dolares, que me compensaran pues si no con tan mal cuerpo a veces se pierde un día.

Las Vegas es la mejor entrada al cañon del Colorado y a Monument Valley para seguir mi ruta hacia el noreste del país. Entro por fin en mi habitación del Stratosphere y, por supuesto que me duermo un par de horas, para luego salir con toda la energia a recorrer este lugar que no me gusta del todo pero que es curioso y distinto. No miento si digo que no he gastado ni un euro en el casino, pero tampoco digo la verdad si afirmo que no he jugado money.

Aprovecho por cierto, que mi condicion de huesped del hotel te da derecho a subir a la torre prncipal y lo hago de día y de noche. Ciertamente son las mejores vistas de la ciudad y en 360 grados. Tiene piscina en el ático, que por supuesto utilicé.

Y por fin, 4 de julio, fiesta nacional y yo recojo mi coche de alquiler para recorrer en principio casi 1000km para ver Canyon, Monument y volver a Las Vegas a devolver el coche y tomar el avion a Denver. En un primer momento reserve hotel y avion para Chicago en Denver, pensando en que iba a llegar allí en coche, pero dejar el vehículo en otra ciudad te cuesta 300 dolares más, por lo que es más barato volver y por 70 dolares volar entre ciudades.

Y digo en principio, porque luego la historia de estos tres dias fue otra bastante distinta. 50 grados de temperatura y 450km que separan Canyon de Las Vegas, salgo un poco tarde, a las 11 y con musica country todo el rato en el coche me voy acercando sin tener la seguridad de que voy a llegar y esté todavía abierto. Y sí, son las 4 de la tarde pero entro y no solo lo veo sin problemas, sino que me recorro a pie todo el trayecto posible a realizar andando.

Simplemente impresionante. Las fotos, ni siquiera los videos, recogen la belleza del lugar. Sólo quedandote quieto e intentando tener una visión periférica con tu vista consigues recoger en tu cerebro la magnitud del sitio.

Colores, formas y tonalidades de todo tipo. Fotos que pides te hagan, a veces con cierto riesgo de caida. De hecho cada año mueren unas cuantas personas precipitandose al vacio por la peligrosidad del lugar y tambien por las imprudencias de la gente, sobre todo desde la moda de los selfies impactantes.

Termino mi visita 4 horas mas tarde agitado de la emoción y habiendo conseguido uno de los hitos mas significativos de este viaje. Otro sería monument Valley, al que raudo me dirijo pensando en dormir a mitad de camino pues está a 300km del cañon, pero son las ocho y media cuando vuelvo a la carretera y todavía ni ha anochecido. Es más, me voy diciendo a mi mismo, emocionado, que ya a pertir de aquí todo es cuesta abajo, ya todo está más controlado en tiempos y distancias.

Tomo en 10 minutos la carretera 64 que va a la población de Cameron, en Arizona. Se va haciedo de noche rápido y la carretera está en gran parte sin asfaltar. Vamos varios coches lentos hasta que la carretera se ensancha y avanzamos un poco mas deprisa, sin pasar de las 45 millas que nos indican los letreros, de hecho yo iba todo el rato a 35, muy lento pues no se veia nada.

Y tanto que no se veía, que en una de las tantas curvas de esta carretera, todavía pegada al parque nacional del Canyon del Colorado se me cruza un pedazo de ciervo de casi dos metros, imponente, con cornamenta y todo, unos 200kg de peso que se me echan encima y que con el medio volantazo que me atrevo a dar no me lo como por el parabrisas y choca lateral rompiendome el retrovisor y abollando el lateral del coche. Ya parado, un poco agitado, noto que las ruedas estan como atascadas y no sale mas que cuando acelero un poco mas y me desatasco, seguramente del propio venado metido en parte, debajo del coche. Recorro no mas de 2 minutos cuando me digo de volver y hacer unas fotos para el seguro y la compañia de alquiler. Pero cuando vuelvo, ni reconozco siquiera la curva pues todo oscuro y el ciervo ha desaparecido. Sigo en esa dirección de vuelta pensando en qué hacer, precocuado porque sin retrovisor no se permite conducir y porque estoy en medio de las Vegas y Monument.

Decido continuar y llegar a la población de Williams que ya pasé antes para llegar al canyon y son las 12 de la noche cuando lo hago, con la ventanilla del conductor bajada para poder anclar el retovisor roto que cuelga y es la unica manera de salvarlo. Busco alojamiento en los típicos moteles de esta route 66 y acierto pues es uno de los mejores sitios donde he dormido en todo el viaje y con una cantina tipica americana de peliculas de motos enfrente, el Canyon Club, y donde no dudo ir a los pocos minutos, aparcado el coche y realizado el chekin a un señor medio dormido que salió no sé de que parte, para ahogar mis penas en alguna que otra cerveza Coors. Por cierto que es paradójico decir que me tome la cerveza justo debajo de una cabeza de ciervo disecada y que incluso me tiré un selfie con ella, que luego borré. A malos momentos, mayores bromas. Pero sin pasarme.

La verdad es que en Williams he vivido uno de los mejores momentos del viaje, sintiendo del todo la america porfunda y el recorrido autentico de la ruta 66. Bonito lugar que he intentado recoger en cantidad de fotos que sin muchas ganas hacía, pues los pensamientos negativos de que podría costarme el asunto x dinero por no estar cubierto me venian todo el rato.

Desde Williams salen los trenes para el Grand Canyon del Colorado. Unos trenes de época muy bonitos y que yo conocía por los programas del Canal Viajar.

Por la mañana y despues de anclar el retrovisor con cinta salgo de vuelta por tanto para Las Vegas. Por cierto que la cinta que compré esmla que denominamos aqui en España cinta americana, pero claro, estando allí veia ridículo ponerle este apellido, como luego efectivamente comprobé. Con decir Tape, de sobra. Jajaja.

Ya en Las Vegas, y con la ayuda de mi hija desde Londres hablando con el tipo de Hertz confirmamos que realizando un parte valía para tal cuestión y que lo del ciervo es aquí del todo creible, aunque no haya foto de ciervo, pues es el animal que más muertes causa en carretera.

Y con esta vuelta temprana, adiós a Monument Valley y paso un día más en Las Vegas. Día sobre todo de descanso, de recuperarme del susto, de baño en la piscina, paseo sin prisas por el centro y alguna compra más.

Mañana en avión a Denver.

Este año va de cárceles. En todas he podido entrar y salir el mismo día. Unas para que me paguen y otra pagando. En todas ha merecido la pena estar.

Alcatraz es increible. Mirada desde todos los lugares posibles de San Francisco, es La Roca, ahí en medio de la bahía del mimo nombre, en el pacífico.

Continuando mi vuelta al mundo, salgo de Honolulu en vuelo nocturno para aterrizar en San Francisco a primerísima hora de la mañana. Tan primerísima hora que son las seis de la mañana cuando después de un largo trayecto en bus desde el aeropuerto, llego al Hostel Internacional.

Previendo que no me dejarían hacer el chek in antes de la hora (15.00) me saqué desde Madrid la entrada a Alcatraz a las 12h de ese mismo día. Y con total acierto. Dejo entonces mi suitcasse en consigna del hotel y salgo al muelle-pier 33 andando, desde donde parten los barcos a la famosa cárcel.

Demasiado vagabundo y vagabunda por las calles de San Francisco, algo que se repetirá en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos. Exagerado es la definición. Más si cabe que en Bombay o Chenai en la India. Y peor olor por las calles del centro donde me alojo. Algo que me recordará que en Phnom Penh capital de Camboya salí justamente un día antes de allí por el insoportable olor de sus calles.

Callejeo entonces como siempre y voy pasando de barrios totalmente distintos en estructura y en funcionalidad e interacción de gente. Y por fin embarco para minutos mas tarde estar en la carcel de Alcatraz. Yo que estuve entre rejas una noche en el calabozo en el ejercito, mili de los años 80 donde con nada ibas a la trena, siento que estar ahí entre rejas y tanto tiempo, es otra historia. No me extrana que hubiera tanto intento de fuga. Lo que si me extraña es un éxito de fuga, algo que todavía no está o no quieren confirmarlo oficialmente, parece que sí que se produjo. Ahí en medio de tanto agua, agua fría, y de tanto animal suelto buceando, más o menos peligroso, es para dar un premio a quines pudieran escapar.

Hago muchas fotos, me hago o me hacen algunas pocas más y no dejo de mirar alrededor intentando vivir como te puedes sentir ahí dentro. Y eso, que como he dicho antes, he estado en dos cárceles españolas impartiendo cursos de formación a los presos, y en una de ellas, estando en el patio paseando en el descanso con ellos solos (sin funcionarios que estaban afuera vigilando) pegados a una pared de 5 metros de alto.

Pero si ha habido algo que me ha llamado la atención y gustado más es el faro que está en la roca. El primer faro del pacífico según reza en una placa en la base del faro, y que además sigue activo.

Y ya de vuelta y con más frío todavía con el que hemos llegado a la carcel, salimos de ella para volver al Pier 33.

De ahí, un paso a la Coit Tower, una pequeña torre con vistas a todo San Frncisco y sobre todo al mar. Termino ese día y recobro fuerzas en mi querido ya Hostel, hotel económico tipo albergue de juventud muy chulo y con muchas salas donde estar y tomar te o café. Aunque en esos días sobre todo se tomaba fútbol.

Te dicen que atravesar el Golden Gate es una de las actividades mas sensacionales que hay. Y es cierto, voy ya desde la playa haciendo fotos, para por fin, subir y atravesarlo, caminando a la ida y corriendo tipo raid de aventura a la vuelta. La mayoría de la genta toma un autobus de vuelta.

Impresionante. La verdad que junto con los faros, los puentes son la construcción que más me gusta. Fotos de todos los ángulos no terminan de captar maravilloso que es.

Termino de visitarlo y siguiendo por la costa vuelvo a la zona de muelles, en este caso al famoso Pier 39 de Fisherman’s Wharf y me como en un uesto de cara a la calle, el típico plato de cangrejo y una cervecita, que el camarero me la da envuelta en un papel pues no se puede tomar ceveza por la calle, algo que está penalizado con hasta 500$ de multa. Yo en ese momento no lo sabía, quité el papel y me la tomé en un banco, en plena calle.

El resto de sitios a visitar han sido la famosa calle empinada Lombart, el edificio Pirámide, las Damas pintadas y los barrios de Castro y de Haight And Ashbury. El primero famoso por su lucha gay llevada a la pantalla en la película yo soy Harvey Milk y protagonizada por Sean Penn. El segundo su fama se lo debe fundamentalmente a que es el barrio donde residió Janis Joplin y muchos artistas de la época de los sesenta y la psicodelia.