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I TRAVESÍA INTEGRAL A LA COMUNIDAD DE MADRID EN DEPORTE DE AVENTURA

Todo aquel que se considere aventurero debe, necesariamente, imaginarse dando la vuelta al mundo.
Llevo toda mi vida trazando sobre un mapamundi el recorrido perfecto. Todavía no he dado con esa ruta ideal. Mientras, hago raids de aventura, esperando que algún día, uniendo todas las etapas, descubra que he recorrido todo el planeta.
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Los sueños sólo pueden realizarse cuando los conviertes en objetivos. Si quiero dar la vuelta al mundo, voy a empezar por dar la vuelta a mi mundo más inmediato. Voy a recorrer la Comunidad de Madrid por su perímetro, pasando por los lugares más significativos en cuanto a espacios naturales y por las poblaciones de mayor interés cultural e histórico.
En pocas semanas compito en un raid de aventura y tengo que entrenar. Todo encaja, tiempo, necesidad, posibilidades. Tengo los planos, el material, los contactos… todo. Estamos a mediados de Agosto, y me planto en Aranjuez. No me lo puedo creer, empiezo mi pequeña aventura. De hecho toda gran aventura empieza con “insignificantes andanzas de viejos caballeros”.
Son las nueve de la mañana y bajo un sol que ya calienta, nos hacemos la primera foto: mi compañero de raids, Antonio, Isabel, que hará de asistencia, y yo. No es un raid, pero lo parece; no hay nervios, pero si algo de incertidumbre.
Pasamos de Madrid a la provincia de Toledo para más tarde volver a Madrid por Casarrubuelos. Hay que ir haciendo eses, para no pisar asfalto. Por fin llegamos a Griñón y nos tomamos el primer respiro. Esto no parece difícil, pero un error de orientación nos lleva a llegar a Navalcarnero por la Vía Verde Móstoles-Almorox. Sólo la comida nos devuelve el ánimo perdido por las cercanías de Arroyomolinos.
Son ya muchos kilómetros de bici, y seguimos sorteando carreteras y pueblos como podemos. El paisaje va siendo cada vez más bonito, lleno de encinares y viñedos. Todo campo; el más puro BTT. Pero llevamos más de cien kilómetros y quedan tres horas para anochecer. Bien, este baño desnudos en el Alberche, parece que nos ha entonado para afrontar, ahora por carretera, el final de etapa hasta Cadalso de los Vidrios. Llegamos con el sol en el ocaso y muy cansados. Hemos recorrido 155 kilómetros. Isabel y Antonio parten para Madrid y se llevan mi bici, que no volveré a ver hasta llegar a Cotos. Cambiaremos los caballos de hierro por los de verdad. Hasta mañana.
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No me había despertado todavía y Ángel, mi amigo y propietario del Centro Ecuestre Los Bóxer, ya estaba ensillando a Imperioso y Loco, los otros dos compañeros de viaje. Dos auténticos campeones en la especialidad de Raid. El primero de la Comunidad de Madrid en 120km; y el segundo, medalla de oro en el Campeonato de España 2005.
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El recorrido hasta El Escorial, aún así, no fue fácil. Después de tener algún incidente con las herraduras y cicatrices no curadas de mi caballo en Pelayos de la Presa, terminamos la ruta al galope atravesando los pinares de Robledo de Chavela y Zarzalejo, el robledal de la Herrería, y la Silla de Felipe II desde donde se avista el Monasterio y por donde agrada comprobar que todavía quedan abrevaderos y pasos para ganado.
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El tercer día de mi aventura comienza, a pie, con una fuerte subida al puerto de Malagón para tomar la cuerda hasta el Puerto de Guadarrama, después de pasar por Abantos y Cabeza Lijar. El camino por la Peña del Arcipreste, la Peñota y Cerro Minguete, aunque ya conocido, me confirmó la relación amor-odio que tengo con la soledad. Es una ruta bonita de paisaje, pero áspera de recorrido. El calor insoportable sólo se apaciguó cuando me arrojé a un pilón cerca del Puerto de la Fuenfría. El camino Schmidt lo hice corriendo tipo raid, al igual que la subida a Bola del Mundo y sólo la bajada por Loma del Noruego se me hizo más cómoda después de oír a mi hija María al otro lado del teléfono.
En Cotos no había posibilidad de pernocta y los Guardas del Parque Natural tuvieron a bien acercarme hasta el Pasadoiro, en el Puerto de Navacerrada, donde compartiría charla y macarrones con varios ciclistas profesionales que preparaban la Vuelta a España.
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A la mañana siguiente, como casi siempre, José Antonio me acercaría la bici de montaña para continuar la ruta. Y así desde Cotos, y renunciando a la ruta marcada, bajaba directamente a Cervera de Buitrago, cruzando Rascafría, Lozoya, Lozoyuela y Manjirón. Por eso sigue siendo un reto para mí, porque tuve que desistir de subir Peñalara y de hacer cuerda hasta el Puerto de Navafría donde hubiera cogido la bici para llegar hasta Somosierra y atravesar los puertos de El Cardoso, la Hiruela y la Puebla hasta llegar al pantano.
En Cervera, la Canoa y mi compañero Antonio, ya estaban preparados. Julio y Marisa de Kajuma Sport lo habían organizado todo. Después de palear hora y media, llegábamos a Riato donde me devolverían la BTT para llegar hasta Torrelaguna.
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El cambio de bici ya lo tenía preparado para el 5º día mi hermano Enrique, y la carretera sería en más de cien kilómetros mi apoyo físico; el anímico lo volverían a ser algunas llamadas por el móvil.
Cruzar el Casar, Torrejón del Rey, Alcalá de Henares y subir al Ecce Homo me aproximaban a la vega del Tajuña desde donde, a lo lejos, se intuía Chinchón, el final de la etapa. La subida a la plaza porticada, lugar de históricas corridas de toros, lo hice a pie después de que la rueda terminara por desinflarse pese a la espuma que le había metido un kilómetro antes.
Bañarme en la piscina del ático del Hostal Chinchón, viendo ponerse el sol, y cenar en la balconada del Iberia con el generoso José Ortego, dueño de la hostería, fueron, también, buenas experiencias del viaje.
Por fin el 6º día. Ocho de la mañana y de nuevo Antonio Porras, excelente raider y mejor persona, me esperaba en la puerta del hostal. Bajar en carrera a Puente de Tajo fue entretenido. Sin darnos cuenta nos topamos con el Tajo, algo sucio y calmado, pero apetecible.
Minutos más tarde aparecieron las piraguas. Bajaríamos cuatro piragüistas en K1 de travesía: Antonio, Julio y Oscar el bombero. Poco menos que me escoltaban pues su experiencia en ríos daba seguridad al descenso. Marisa, de Kajuma Sport realizaba el apoyo logístico y las mejores fotos de toda la aventura.
Ánades reales, garzas, juncos, espadañas… Llegar así se me hizo cómodo a pesar de estar paleando casi siete horas sin parar. Ver el Puente de la Reina, luego el hermoso Jardín del Príncipe y al fondo el fastuoso Palacio Real, se reflejó en mi estado de ánimo que se agitaba por momentos. Me ha pasado siempre en los viajes, que a punto de finalizar, quieres que se perpetúe ese momento y no acabe nunca. Del sueño me despertaron mis propios compañeros cuando en un acto de júbilo me tiraron al río ya en el embarcadero deportivo. Todos mojados celebramos el fin de esta pequeña aventura; antesala, como siempre, de sueños más grandes.

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Isidro Lapuente Álvarez
Capitán del Equipo
Salamandra Raids Team
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